lunes, 12 de octubre de 2009

Allá por los comienzos del año 1977


Allá por los comienzos del año 1977, cuando aún contaba con 8 años, recogí del suelo una octavilla que literalmente decía: “Mañana, todos a la cárcel”, y en donde aparecían unos barrotes y una leyenda de un colectivo o partido absolutamente desconocido para mí. Confieso que no recuerdo muy bien las siglas, aunque pondría las manos, que eran las del PCE.


Aquello supuso para mí, toda una convulsión. Por mi mente empezaron a aparecer ideas, como que llevarme en la maleta para la cárcel, como se viviría dentro, si estaría en la celda con mis padres, si me dejarían entrar juguetes, como aquella pistolita de pistones, o aquel balón de fútbol, etc. Esa noche confieso que lo pase fatal. Pero llegó el día siguiente y no pasó nada. Y otro, y tampoco. Y otro. Así hasta que pasada una semana, y por miedo a preguntar, le pregunté a mi padre que si teníamos que ir a la cárcel. Recuerdo su mirada. Me sentó en sus rodillas, y me preguntó sobre el porqué de aquella pregunta.

Le confesé todos mis sentimientos y pesares sobre aquella octavilla recogida del suelo.
Me consoló, me dio varios besos y un abrazo y me tranquilizó diciendo que eso pertenecía a una propaganda de diferentes partidos políticos que pedían una amnistía para los presos políticos. Imaginaos, lo que para un niño de 8 años suponen las palabras: amnistía, partidos políticos y propaganda.

Como siempre he sido muy bien educado, dí por buena la palabra de mi santo progenitor. Pero, durante varios días me siguieron dando vueltas por la cabeza sus palabras, hasta que un buen día, oí en las noticias que el Presidente del Gobierno de España había concedido la amnistía a los presos políticos.

Me pregunté que era eso de los presos políticos, pero como no encontraba respuesta, se lo pregunté a mi padre. Esta vez, se preocupó un poco por el interés inusitado sobre la causa política en un tierno infante de 8 años. Me explicó sucintamente que los presos políticos son aquellos que se encuentran privados de su libertad por sus creencias políticas.

Pasó un año y recibimos en mi casa, como en la de todos los vecinos de mi bloque, un folletito cuyas tapas eran blandas y de color sepia, en el que se indicaba algo así como, Constitución Española, referéndum el próximo día 6 de diciembre de 1978. Tras la recepción de aquel panfleto, la televisión, que en aquel momento era televisión y no televisiones como ahora, hablaba constantemente de la necesidad de la aprobación de aquel texto contenido en el panfleto sepia.

Continúe en mi interés político desde mi infancia, y volví a preguntar a mi padre sobre el asunto que constantemente se debatía en la TV. En este caso, sobre una cuestión en la que se centraba todo el mundo, que era la libertad de expresión. Y volví a inquirirle sobre esa desconocida Libertad de Expresión. Muy lúdicamente, me explico su significado y lo que suponía el reconocimiento de tal derecho. Aquel día me sentí satisfecho y dormí como un lirón, por saber lo que significaba el derecho fundamental de la libertad de expresión.

Crecí, maduré y recordé lo que me explicaron acerca de lo que significaba ese derecho. Por circunstancias de la vida, profundicé mucho más en el estudio de ese derecho como consecuencia de mi licenciatura en Derecho.

Y ahora que tengo los 40 años, veo que todo aquello por lo que la sociedad de los 70 había luchado, había perdido su razón de ser, en detrimento de una serie de valores preescritos ¿por quién?, en donde sólo existe un solo pensamiento y una única “verdad”.
Permítanme que añore aquellos años de transición en donde la libertad de expresión y movimientos, eran auténticos y originales.

Asimismo, permítanme que me dé de baja en este sistema. Aunque hablando de libertades, que sepan que no me dejan.

Enviada por Fernando C.

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