viernes, 9 de octubre de 2009

Día triste para la libertad de expresión


Si nos detenemos en el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, leeríamos que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”

Pero si echamos un vistazo a la Constitución Española podríamos leer en el artículo 16 que “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley”. O en el artículo 20 como se recogen y protegen los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción; y a la producción y creación literaria, artística, científica y técnica. Estableciendo la única posibilidad de suspensión de dichos derechos la declaración de un estado de excepción.

Pues bien, el pasado 8 de octubre la Audiencia Provincial de Barcelona ha decidido no aplicar la ley y sentenciar dos años y seis meses y tres años y medio a cuatros ciudadanos por el simple echo de ofrecernos la posibilidad de leer. Bonita forma de fomentar la lectura.

¿INCUMPLIMIENTO DE LA LEY O DESCONOCIMIENTO DE ELLA?

Siempre pensé, mi ingenuidad me llevó a ello, que para poder ser libre y tomar decisiones libremente se debía tener un conocimiento previo. O sea que la lectura era libertad, pero el pasado 8 de octubre la Audiencia Provincial de Barcelona ha dicho todo lo contrario.

¿Dónde está el mal de poder leer libros? ¿Dónde está el mal de querer ser libre? ¿Por qué amparándose en la libertad se ponen trabas a la lectura y a la formación?

Pero el pasado 8 de octubre no han sido atacados cuatro ciudadanos, hemos sido todos los que creemos en la libertad de expresión, todos los que creemos que todo argumento debe ser escuchado para poder rebatirlo posteriormente y todos los que creemos que no se deben poner candados a la lectura y formación.

Nos encontramos en una sociedad construida, según ella, desde las libertades, materializadas en una constitución que día tras día es incumplida por sus (pseudos) defensores. En una sociedad en que día sí y día también tenemos que compartir calle con auténticos sanguinarios, pedófilos, maltratadores, sanguijuelas que le chupan la sangre al pueblo hasta que queda reducido a la nada, gente sin escrúpulos que destruyen nuestro entorno. Y nos dicen que el gran problema de la sociedad es gente que honradamente se dedica a la venta de libros ¿No habrá sitio en esta sociedad que nos quieren imponer para la vida honrada?

Porque todo acontecimiento o debate, exige un posicionamiento claro. Y el que nos ocupa en estas modestas líneas exige un posicionamiento claro y coherente a favor o en contra de la libertad de expresión. No caben medias tintas, y posicionarse a favor mientras miramos para otro lado, lo es. Demos un paso adelante, coherente y sincero, que nos permita estar orgullosos cuando echemos la vista a atrás, al comprobar que en esta sociedad la SOLIDARIDAD y la LIBERTAD tienen cabida.


¡¡QUEREMOS TENER LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y SABER!!

¡¡POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN!!
¡¡NO MÁS CENSURA!!

Javier de Francisco

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