viernes, 9 de octubre de 2009

Hoy me llamo: JUAN ANTONIO LLOPART


Hoy es un día de rebeldía para todos los militantes de Movimiento social Republicano; han condenado a nuestro compañero y presidente Juan Antonio LLopart i Senent por ejercer un derecho inalienable: la libertad de expresión.
Un derecho que todos deberíamos disfrutar. Este no es el caso y para mayor desgracia de todos aquellos que no compartimos la ideosincrasia del régimen demo-plutocrático, nos espera la represión y la persecución por defender con honor, estilo y palabra nuestras ideas que no son otras que la libertad de nuestro pueblo frente a aquellos distorsionadores de la cultura, que ejercen el arte de la manipulación represiva creando falsas alarmas sociales contra los que tenemos sed de verdad. Por lo tanto, condenar por ideas es destruir el espíritu de creación y menguar así el potencial de nuestros hombres más capaces para conseguir cuotas de mayor desarrollo ético y social.

Todos somos hoy Juan Antonio Llopart y pese a quien le pese seguiremos ejerciendo este derecho a pensar y manifestar, según el cónclave democrático, como un valor intrínseco de cualquier ciudadano que quiera vivir en libertad. Sólo con hombres como Juan Antonio se ha conseguido avanzar en la historia de los pueblos: hombres honrados, con coraje, entregados a unas ideas y a su pueblo, con una actitud de acero frente a las circunstancias adversas etc. Estos son los hombres que necesitan las naciones, hombres de mármol imperecedero como columnas dóricas.

La realidad decadente y poco luminosa de hoy es la del pensamiento único, la del vicio y la mediocridad, la de la corrupción moral y la aptitud inquisitorial, todos ellos ingredientes normales para esta sociedad de tolerancia que mira con hostilidad a la diferencia, al más capaz y a la diversidad de pensamiento. Sí, estamos en una democracia totalitaria aunque parezca paradójico, donde te dejas absorber por lo políticamente correcto, es decir, por la tiranía del mercado opresivo de la libertad de expresión donde se expresa el que tiene el beneplácito del dinero y se persigue a la disidencia. Además su odio e intolerancia camuflada con emperifollados legalismos universalistas, no les deja ver que se contradicen cuando condenan lo que dicen defender. Lo que deduzco de las intenciones del propio sistema es la voluntad de rendir culto al sacrificio de las ideas sanas que pueden cambiar la realidad, es decir matar las ideas.

Hoy se considera más aceptable hacer vivir a los ciudadanos en un mundo abstracto tendente al monismo intelectual. Para conseguir el paraíso en la tierra tienen que actuar con aberrante represión sobre la diversidad de opinión que no apoya el modo de vivir que tenemos los españoles. A esto se le llama control del pensamiento y yo me rebelo en solidaridad con Juan Antonio, contra este atropello a un ciudadano de bien. Por consiguiente, nosotros nos mostramos y nos mostraremos como ciudadanos singulares que viven y sienten por y para la libertad y pretendemos, con el esfuerzo diario, ser un ejemplo de honradez como lo demuestra el compañero Juan Antonio.

Para finalizar me pregunto: ¿Dónde están aquellos que decían en la transición: ¡viva la democracia!, como adalides de las libertades, que no se volvería a perseguir a ningún español por sus ideas?

Por mi pasión y compromiso por las ideas y la defensa de las mismas en libertad: hoy me llamo Juan Antonio Llopart.

09/10/2009.

Jorge Contresa.

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