lunes, 12 de octubre de 2009

Libertad de expresión

En Catalunya, en España, y en Europa, y en otras lides del maravilloso mundo “occidental”, este eufemismo brilla con letras de oro. Somos libres de expresarnos, siempre y cuando tengamos capada la mente, o sellada la boca, o vendados los ojos, o tapados los oídos. Así, ya estás libre para opinar, decir, y vomitar. Sí, vomitar, porque si uno no tiene información o si le llega sesgada, lo único que puede hacer es soltar porquería, inconscientemente. Porque no tiene ni puta idea. Porque no le dan opciones a saber algo más.

Si por esas casualidades de la vida nuestra mente tiene un mínimo de curiosidad por lo que a nuestro alrededor ocurre, empezamos a buscar explicaciones. La racionalidad, la lógica y lo normal pierden su sentido aquí, cuando se descubre una red integrada en la estructura de nuestra sociedad que se encarga de mutilar la información, de deformarla y de vigilar que no tratemos de corregir estas infamias. VigilarNOS.

Cuando las infamias ya no pueden ni esconderse, “gracias” a la lucha de intereses privados y de la búsqueda de beneficios, como ocurre con la prensa publicando el morbo de las imágenes de Gaza abrasada por el fuego sionista mientras el lobby sionista se queja de ello y trata de tapar el agujero, algunos nos entra el “sirocco” y nos armamos con algo que pinte y adornamos pancartas o demás. Una reacción justa y decente ante una infamia, que se paga con interrogatorios, denuncias de los candelabros de siete brazos, inexplicables conspiraciones y expiaciones políticas de cargos públicos responsables de Interior, y con una buena multa por el momento que a saber si llegado el día del juicio también será convertida en petición de prisión por apología de no sé qué cosa que digo que no sé qué Historia y qué cámaras – de vídeo, de bicicleta, de aire.

Como reprimido por denunciar el genocidio sionista hacia los palestinos, ver lo que le ha tocado a mi camarada, presidente y, encima, amigo, Juan Antonio Llopart, me derrumba el alma al suelo.

Condenado un neoalgo sin ser neonada.

Condenado un editor por editar libros de ideas.

Condenado por NO PUBLICAR NADA QUE JUSTIFIQUE NINGÚN GENOCIDIO. Y si me apuráis: hablando de negacionismos, ¿cómo justificar algo que se niega que haya existido? ¿Tiene lógica?

Condenado alguien que se ha negado a bajarse los pantalones, ante nada ni ante nadie, a riesgo de su propia integridad, y a las pruebas me remito: mujer y tres hijas menores, hipotecas y pagos, una vida entera que puede irse al garete por obra y gracia, mucha gracia, de los totalitarios represores enfermos como hipocondríacos de “fascismo por todas partes”, desde un insulto en un programa de telebasura rosa, pasando por el toro de Osborne, hasta la auténtica y sacrificada lucha patriótica, social y NR.

Condenado, estimado público, porque les ha salido de los mismísimos tuétanos, podridos de mala baba, mala idea, revanchismo dirigido a quien detecten es el enemigo. Pues sí, somos el enemigo. El enemigo del Pensamiento Único. Este Pensamiento Único que, según la definición de esta No-Justicia española del “fascismo”, encajaría perfectamente en este adjetivo, como represor, totalitario, eliminador de ideas, sangriento, hipócrita, confusionista. Este Pensamiento Único, la ideología de moda por imposición, venida de oscuros lares de lo más nauseabundo de la materialidad económica y de la bajeza espiritual.

Mi cabreo me impide pronunciar más que disparates malsonantes. Así que que les den. Que les den a todos los defensores del Pensamiento Único. Por ser la más perfecta y escandalosa expresión de la Falsedad.

Juan Antonio Llopart, yo lucharé en todo lo que pueda para seguir trabajando contigo, y mientras lo hagamos nos iremos riendo de todo, de todos, de aquellos y de nosotros mismos. Porque lo NR también es Alegría. Y ningún golpe que puedan darte van a borrarte esa sonrisa irónica con la que desprecias al peligro y ofreces tu cuello, señalando donde cortar, a ver si tienen lo que hay que tener y no fallan encima, los muy cenutrios.

Hoy, como tantas veces, te saludo como nos gusta a nosotros. Luego nos perdemos por Barcelona, y seguimos levantando desde los cimientos y con palancas a nuestra Gran Patria Europa.

Jordi de la Fuente

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